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Ver la Versión Completa : Sevilla-Londres sobre una Drag Star 650


idpsevilla
10/10/08, 19:57:05
Hace un rato, mientras conducía, ya en Sevilla, hacia casa después de lavar mi Drag Star le daba vueltas a la cabeza sobre cómo empezar el relato de este viaje. No me gusta empezar por el principio. Quizá sea deformación profesional, aquello de que la noticia radica en lo último y no en lo primero. Pero, además, es que tampoco sé cuál es el principio. ¿Es el principio el día que cambiaron radicalmente mis planes de vacaciones? ¿Es el principio el día que compré la moto, el que me saqué el carné, el que tomé el camino hacia Salamanca, bajo la lluvia y haciendo un esfuerzo tremendo por superar la pereza que me instaba a seguir en la cama, calentito y seco, en vez de meterme en carretera, con el frío de la mañana recién estrenada y bajo la lluvia? ¿Cuál es el principio: el día que mi hermano se fue a trabajar a Inglaterra y se quedó allí? ¿O el día que nací? Además, presuponer que existe un principio implica dar por hecho que existe un final. Y a eso sí que me niego. ¿Un final, por qué? ¿Un final en este contínuo que es la vida? Ahí estaba el mundo, ahí estaban Inglaterra y Salamanca y Sevilla antes, mucho antes de que yo existiera, de que comprara la moto, de que rompiera con Lucía. Y ahí seguirán, llueva o truene, cuando yo ya no esté. Ni es el primer viaje que hago, ni siquiera en moto, ni será el último, si la vida me brinda esa oportunidad y no tengo, ahora mismo, ninguna razón que me haga pensar que no será así. Además, ya lo dijo Einstein, el tiempo es relativo, es sólo una dimensión más de la realidad en la que nos desenvolvemos, así que por qué íbamos a tener que basar el relato de esta realidad en una única dimensión. Y sobre todo, qué aburrido resulta contar las cosas una detrás de otra, cuando la vida está llena de momentos sobre los que uno olvida el cuándo para recordar sólo el qué, o el con quién.

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Descartado, pues, el relato cronológico, también me preocupaba cómo contarlo y, sobre todo, qué contar. Reconozco que la utilización de la primera persona es algo que me sonroja en cierto modo. Primero, por mi propia deformación profesional de escribir siempre sobre lo que le ocurre a otros. Pero también por el hecho mismo de convertirme a mí mismo en protagonista del relato. Claro que más me sonroja aún hablar de mí y de mi viaje (que de eso se trata, al fin y al cabo) en tercera persona, como si yo mismo fuera el papa o un rey del siglo XVIII. Así que he decidido que lo mejor será empezar hablando de otros. Y esos otros son, por ejemplo, Bob y Carpentier, dos sexagenarios (o vete tú a saber si los 70 no los cumplirán ya) a lomos de sendas harleys con los que me topé en Santurtzi mientras esperábamos subirnos al ferry con destino a tierras de la Gran Bretaña. Estaban muertos de cansancio cuando llegaron, tras 22 horas conduciendo sus motos desde Italia, donde se encontraban, para llegar a tiempo de coger el barco. Sólo paraban para repostar y tomar café. "No choice", decían, si les dabas tu opinión sobre lo que creías una locura. O Ian, inglés del sur de Londres (perdona, Ian, pero no llegué a enterarme exactamente del sitio), seguidor del Rácing de Ferrol por eso de estar casado con una gallega y vivir en Galicia desde hacía algún tiempo. Decía que le resultaba más fácil entenderse conmigo (pese a mi mal inglés y a su peor español) que con la familia de su mujer, por aquello del acento cerrado de los gallegos. Llevaba una touring y no era la primera vez que hacía el viaje en ferry. En el que nos llevó de Portsmouth a Santurtzi lo pasó fatal, como yo, treinta y seis de las cuarenta horas que duró el viaje metido en la cama por miedo a incorporarme a causa de los fuertes mareos que me provocaba la no menos fuerte marejada que nos acompañó por todo el Canal de la Mancha y buena parte del Golfo de Vizcaya, prácticamente hasta casi divisar Bilbao en lontananza. Esta vez Ian venía solo, pero la primera vez que hizo este crucero con su mujer y sus tres hijos, el matrimonio, contaba, lo pasó fatal, mientras los chiquillos ni se habían enterado. Será que nos hacemos viejos.

Entre la fauna motera con que me encontré, merece mención especial Trevor. Lleva nueve años viviendo en Tenerife, y casi no habla español. Vamos, que el estribillo de la canción Macarena (¡Ayyyyy!), de Los del Río, que bailaron Bill Clinton y Boris Yeltsin en su día, tenía más vocabulario que el español del galés. Había sido jefe de bomberos en Cardiff, su ciudad natal, hasta que le diagnosticaron asma. Se trasladó luego a Tenerife, al sur de la isla, donde el 20 por ciento de la población es de origen inglés, y, claro, no ha necesitado, hasta ahora, aprender más español del que utiliza. "Mushas grecias, amico", es la frase que más le he oído en español. Había que verlo, a sus cincuenta y dos años, 1,80 de estatura, probablemente más de cien kilos, con su pantalón de camuflaje, su larga barba y melena grises y esa calavera ardiente de su camiseta, montado en su Victoria, una moto, americana como las HD, que no se ve mucho por España (asegura, orgulloso, que la suya, con matrícula inglesa, es probablemente la única que hay en nuestro país), 1.600 centímetros cúbicos, doble cilindro en "v" y con un sonido que nada tiene que envidiarle a las harleys. Y a qué velocidad se bebe las pintas de Guinness... Culpa suya fue que el regreso a Sevilla desde Santurtzi lo hiciera de un tirón en mi pequeña gran custom japonesa. Coincidí con el en Portsmouth. Con él y con Ian. Este último, al llegar a Santurtzi, tiraría para Galicia. Pero él tenía que enlazar con otro ferry (dos días más metido en un barco, My God!) en Cádiz que lo llevaría hasta Tenerife. Así que me convenció, no le costó mucho, para que nos cruzáramos España de un tirón. Tuvimos la suerte del tiempo (weather, en inglés, no confundir con time), el lunes hizo sol y buena temperatura en toda España. Así que el viaje, con las paradas justas para repostar y, cada dos repostajes, tomar algo y descansar unos minutos, se nos hizo hasta corto. A mí, al menos, lo digo en serio. Un gustazo.

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Lo del ferry, a propósito, y para dejar zanjado el asunto, que no quiero volver sobre él, está bien como experiencia. Como experiencia son también los cólicos nefríticos o una caída de la moto. Pero hasta ahí. Probarlo una vez no quiere decir que uno desee volver a pasar por ello. Dicho queda. La próxima vez, en tren desde Calais a Dover, veinte minutos sólo.

La vuelta, ya en España, hasta Sevilla la hice por autopista. Ya se trataba de llegar. Yo había pensado, tal vez, pasarme a visitar a mis amigos, moteros y periodistas, Luis y Geni, en Ourense. Pero, casualmente, esos días ellos viajaban a China a recoger a Pablo. Felicidades, amigos. Digo que la vuelta la hice, la hicimos, por autopista, por eso de llegar pronto a Sevilla y descansar. Pero la ida, que yo había planteado en dos cómodas etapas hasta Santurtzi (donde tomaría el ferry a Inglaterra), la intenté por carreteras. De Salamanca al País Vasco, me topé con que la carretera estaba cortada por obras poco después de Pancorbo. No tuve que dar vueltas, ni nada, hasta localizar nuevamente el camino a Bilbao sin pasar por la autopista... Al final lo encontré y he de deciros que el de los montes vascos es uno de los paisajes más bonitos con que uno se puede topar. Hasta Burgos, el camino es una pena, es lo que tiene la meseta, que los accidentes geográficos que le dan hermosura al viaje brillan por su ausencia. Pero a partir de Pancorbo el viaje fue una preciosidad. Ojo a la subida al puerto de Orduña. O más que a la subida, a la bajada, si vamos hacia el norte, como era mi caso. Acojona. Uno va solo, no hay coches en cientos de metros, una pendiente del 10 y 12 por ciento si no más, las curvas en segunda y tercera... Es precioso aquello, si uno pudiera detener su atención en lo que le rodea, pero la conducción es muy exigente en esa zona. Lo disfruté, pero con una gran tensión. Hasta Salamanca, la idea inicial de llegar a la ciudad del Tormes por la antigua N-630, la Ruta de la Plata, la descarté nada más llegar a Santa Olalla del Cala, en la provincia de Huelva, donde paré a tomar un café. La verdad es que en ese momento no sabía si continuar adelante con mi viaje o darme la vuelta y volver, con la cabeza gacha, teniendo que admitir la temeridad de iniciar un viaje de las características del que iniciaba, con la lluvía que caía ese día sobre el sur y el oeste de España. Pero aún me quedaba cierta dignidad, así que decidí sólo que continuaría el viaje por la autopista. Y vaya si hay diferencia en el drenaje del firme. Mojado, pero decidido, continué camino, pues. Al llegar a la provincia de Cáceres, el cielo empezó a abrirse y ya quedó prácticamente despejado todo el tiempo hasta que llegué a Salamanca. El final de esa etapa, los últimos 140 kilómetros o así, la verdad es que fueron bastante ventosos. Pero llegado a ese punto sí que ya no me echaría atrás, de ningún modo.

Hay que ver, a propósito, lo que llega a ensuciarse una moto en un viaje. Si te llueve, por poco que sea, el resultado es desastroso. No sólo por el agua que cae directamente de la lluvia, que arrastra mucha más suciedad flotando en el aire de la que uno es capaz de imaginar que esté ahí... Claro que también está el barro que se va formando en la carretera, sobre todo en algunas zonas, como la campiña inglesa, donde prácticamente no existen arcenes y donde el paisaje boscoso a un lado y otro del camino va creando en el firme un depósito de hojas muertas y tierra propicio para ese barrizal. Nada de esto debería sorprenderme. Al fin y al cabo yo había elegido la fecha, el primer otoño, y el destino. Así que en ningún caso pretendo que estas palabras suenen a queja. Es más, después de esta experiencia, puedo decir que no tengo muy claro qué es peor para conducir una moto, si la lluvia, o si la noche. Porque la llegada a Inglaterra, con esto de la diferencia de latitud, fue de noche. Noche cerrada. Más de tres horas conduciendo por la izquierda, por carreteras en las que no se ve nada, y cuando digo nada es nada, hasta llegar a mi destino, Ely, quince millas al norte de Cambridge, tras iniciar la última etapa de mi viaje de ida en Portsmouth, a donde había llegado en el ferry desde Santurtzi. Mucho peor que la lluvia que me cayó en la ida en las provincias de Sevilla y Badajoz. Parece mentira, por cierto, que la lluvia más fuerte, viajando en otoño a Inglaterra, fuera la que me cayó en Sevilla. En fin...

En Inglaterra me llovió, claro, pero no tanto... Aún no me explico cómo tuve la osadía de meter la moto hasta casi el mismo Covent Garden, uno de los lugares más encantadores de la capital del Támesis. Claro que el objetivo de estas vacaciones, entendido éste como reto, era llegar hasta Londres en moto. Realmente, lo que se dice llegar, llegué hasta más arriba de Londres, ya lo he dicho, a Ely, a unas 70 millas al norte de la capital inglesa. Pero simbólicamente era llegar a Londres lo que inspiraba este viaje... Nada tiene que ver, por cierto, conducir en Inglaterra, pese a ir por la izquierda y lo de las rotondas y todo eso (quizá por que allí están bien diseñadas, forzando la incorporación de los vehículos hacia la izquierda, y aquí, en España, lo están de pena, al llegar las vías de manera completamente perpendicular a la glorieta, en fin), que hacerlo por Londres... Una locura. Comprobado por mí y advertido previamente por más de un lugareño. ¡Con el pedazo de metro ("underground" le dicen ellos) que tienen, que es capaz de llevarte en menos de veinte minutos a cualquier punto de la capital británica! Pero nada, yo quería llegar hasta la misma Leicester Square, muy cerca del Apolo de Picaddilly Circus, detrás justo de la National Gallery, Trafalgar Square y la gran avenida de Whitehall, que te lleva directamente a Westminster Abbey, el Parlamento y el Big Ben, y a sólo unos cientos de metros del Convent Garden. Ésa había sido mi intención, como digo, pero al final no pudo ser... pero casi. Me ví forzado a dejar la moto un poco más cerca de Covent Garden y un poco más lejos de Leicester Square y todos los demás sitios por los que quería volver a pasear en esta ocasión. No era problema. Aún tengo buenas piernas. Yo ya había estado en Londres varias veces, es una ciudad que me encanta, pero el objetivo, en esta ocasión y como ya he dicho en varias ocasiones, no era ir a Londres, sino llegar en moto hasta el mismo corazón del imperio. Y eso sí que lo conseguí.

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Admito que no sin grandes esfuerzos, la ayuda del GPS y algo de fortuna. Ya digo que trataba de llegar hasta Leicester Square cuando de repente me vi ante el frontón mismo del British Museum. No está muy lejos del que yo había marcado como mi destino, es cierto, pero no me había planteado llegar hasta allí. Al final pude dejar la moto, en medio de esta caótica, para el tráfico, ciudad, en un pequeño aparcamiento "only motorcycles" en Parker Street, muy cerca de la zona por la que había pretendido moverme. No estaba mal, pensaba. Me sentía satisfecho. Claro que eso era, seguramente, porque aún no había llegado el momento de emprender el camino de vuelta... Los GPS son una gran ayuda, incluso en una ciudad tan difícil para la conducción como Londres. A lo mejor te hacen dar un gran rodeo, pero siempre te sacan del apuro. Siempre, claro, que no se te haya ocurrido la feliz idea de apagarlo al dejar aparcada la moto en pleno centro de Londres. En esa ciudad, de verdad lo digo, no hay forma posible de localizar los satélites que te guíen hasta la salida si enciendes el aparato en pleno centro, lleno de edificios, tráfico, gente... Yo no los localicé hasta pasada una hora y media al menos, tal vez dos, desde que decidiera montarme de nuevo en mi Drag Star camino de casa de mi hermano 70 millas más al norte, con el que había quedado para cenar. Acababa de entrar en la autopista cuando la tecnología vino en mi ayuda. Pero no había llegado en ese momento hasta allí gracias a ella, sino a dos gallegos y motoristas que trabajan en la embajada española en Londres y con los que tuve la suerte de toparme, más o menos en Hyde Park, cuando intentaba salir de aquel laberinto. Uno de ellos, después de parar en una tienda de motos en la que había quedado con su amigo para comprar una manta para el frío londinense específica para sus scooters, me llevó tras él hasta la London Circular, una especie de SE-30, pero a lo bestia. Ya allí pude seguir las indicaciones, hasta que, como digo, por fin el GPS vino en mi ayuda. Hubiera llegado a Ely, estoy seguro, pero siempre te da más seguridad conducir con el GPS operativo.

Por cierto, ya que hablo de esto, antes de emprender mi viaje me tuve que hacer con el GPS, instalarle una toma de mechero a la moto por aquello de la limitada autonomía de estos aparatitos y encontrar alguna solución para poder llevar el navegador cogido a la moto de una forma segura sin necesidad de gastarte los 600 euros que cuesta el Tom Tom Rider o los 700 y pico de su equivalente de Garmin. Yo me compré uno de coche, sin salida de auriculares, ni bluetooth ni nada de eso. Pantalla táctil, panorámica para ver un poco mejor, y punto. Luego, una funda hermética específica para las motos. Las tienen en algunas tiendas, como Unika Motos, en Sevilla (tiene web), no en todas. Luego sólo me faltaba asegurar la funda a la moto. Ahí me la jugó el de la tienda, lo tengo que decir. Me trajo un soporte, pero no cayó en la cuenta de que las custom tienen un diámetro de tubo (el manillar, mismamente) mayor que el resto de las motos. Así que el soporte no me servía... Al final, la cogí con bridas de plásticos compradas en la ferretería. Solución perfecta y barata.

Estoy contento con el viaje, la verdad. No han sido muchos días, no han sido en realidad tampoco demasiados kilómetros sobre la moto, unos tres mil, si no tenemos en cuenta, claro, los trayectos de ida y vuelta de la moto en el ferry entre el País Vasco y el Sur de Inglaterra. Pero ha estado bien. A la vuelta pensaba en la cantidad de cosas que he hecho y la cantidad de situaciones diferentes que he vivido en sólo ocho días, tres de los cuáles me los he pasado, prácticamente, dentro de un barco, viendo sólo agua a mi alrededor. Pero la experiencia ha merecido la pena. He desconectado, de manera controlada, claro, de mi cotidianeidad, que lo necesitaba. He disfrutado de mi libertad, que no siempre somos conscientes de ello. Me he puesto a prueba yo y he puesto a prueba la moto. No se necesita una Harley ni una 1.900 ni una touring ni grandes equipajes para disfrutar de la carretera. Mi Drag Star de sólo 40 caballos se ha portado como una campeona. Es cuestión de conocerla. ¿Velocidad? No necesita más. A 100 ó 110 es un placer conducirla y su consumo es más que razonable. A partir de 120 responde bien, aunque el consumo empieza a ser elevado. Los 140 los alcanza (en ciertas condiciones, incluso se pone a 150-160), pero hay que tener mucho dinero para darle de beber. De todos modos, soy de los que piensan que no hay que correr, no se disfruta igual. ¿Potencia? Bueno, tal vez se queda algo corta... Responde bien en circunstancias favorables, pero es un poco lenta de respuesta cuesta arriba si uno pretende apurar la velocidad de la máquina hasta sus límites. ¿Fiabilidad? Pues qué queréis que os diga. Ni un problema, ni una queja... Salvo una noche en Santurtzi y tres dentro del Pride of Bilbao (el nombre del ferry), ha dormido a la intemperie todo el tiempo. Arrancaba a la primera, a lo mejor abriéndole un poco el starter, pero para eso está.

Pues eso mismo, que vengo justo ahora de lavar la moto. Ha quedado bien, bastante bien, para como estaba. Limpiar una custom es cuestión de frotar y frotar. Y cuando crees que ya has frotado lo suficiente, te das cuenta de que aún quedan cromados que pueden brillar más. Por no hablar de esos huecos pequeños por los que no cabe ni el trapo. Y si éste cabe, no te caben los dedos para poder frotar. O te caben, pero te quemas, porque el motor y los tubos de escape aún están calientes. En fin... Pues eso, que acabo de lavar la moto, más o menos, después de un viaje por el norte de Europa. Cuando uno se acerca a un concesionario y ve la que va a ser su nueva moto, brillante, sin mancha alguna de grasa, sin la más mínima mota de polvo, sin un solo insecto pegado en el faro o en el reverso de los espejos retrovisores, o con la pantalla perfecta, sin un solo arañazo, no se puede imaginar lo sucia que puede llegar a ponerse, ni hasta qué punto le va a proporcionar momentos, instantes impagables de libertad y placer. Y yo, ahora, con la moto limpia y guardada en su garaje, puedo atestiguarlo.

Y perdón por el tochazo.

Saludos y birras para todos.

Litico
10/10/08, 21:19:22
Señor ignacio dejeme que sea el primero que le diga que esta (cronica...relato...como cojones sea) me ha dejao "ebadido" de este mundo para imaginar un viaje asi.
Que sepas que me lo he leido 2 veces y seguramente caiga alguna mas, de verdad me ha encantado.
Se nota que te encanta la moto y disfrutarla.
Mi mas grande enhorabuena tio... un saludo!!

vertice69
10/10/08, 21:30:47
Con tu permiso voy a colgar tu historia en mi Blog. Si te molesta, me lo dices y la quita.
Enhorabuena por tu viaje.
VVVVVVvvvvvvvvvvvvvvvsssssssssssssss.

idpsevilla
10/10/08, 22:07:11
Todo tuyo, Ricard.

Gracias, Lítico, pero tampoco te lo tienes que leer muchas veces, que leer demasiado embota la mente...

Saludos

vertice69
11/10/08, 09:13:07
Bueno. Ya me lo he leido. Y debo decir...
ALUCINANTE. Muy, pero que muy bueno.
Pero no has mencionado nada, del estado de tu rabadilla. je je je. (Broma).

Un viaje admirable, un piloto admirable y una historia para recordar.FELICIDADES.

idpsevilla
11/10/08, 14:25:57
Mi rabadilla, en perfecto estado. Dispuesta ya para otro viaje.

Gracias

kz400
11/10/08, 21:23:08
... Que buen viaje te has marcado vecino, gran viaje y buena crónica ... para repetir no? ... jejeje ... Un saludo!

idpsevilla
17/10/08, 00:32:59
Bueno. Ya me lo he leido. Y debo decir...
ALUCINANTE. Muy, pero que muy bueno.
Pero no has mencionado nada, del estado de tu rabadilla. je je je. (Broma).

Un viaje admirable, un piloto admirable y una historia para recordar.FELICIDADES.

Maestro, me he permitido incorporar un comentario en el post de tu web en el que colgaste esta crónica, sólo para hacer referencia a su procedencia, que habías olvidado señalar.

Un saludo

Yodital
17/10/08, 12:24:33
Joder tio!!! Que pedazo de viaje... Enhorabuena por tu relato!!!

Edu R
17/10/08, 16:54:09
El viaje y la cronica están muy bien pero para el próximo intenta hacer párrafos y puntos y a parte, no veas para leerlo todo....:aplauso

Gangel
17/10/08, 18:27:27
un 10 por ti cojones.

Saludoss

idpsevilla
20/10/08, 18:03:26
Y dices que no tienes buena pluma (literaria, se entiende)? Después de leer tu relato no puedo estar más en desacuerdo contigo. Un beso fuerte. C.T.

Vortex
20/10/08, 19:01:32
Eres un :champion: por el pedazo viaje y un crack relatando. Felicidades ;)

idpsevilla
20/10/08, 23:48:20
Y dices que no tienes buena pluma (literaria, se entiende)? Después de leer tu relato no puedo estar más en desacuerdo contigo. Un beso fuerte. C.T.

Aclarar sólo que este comentario no es mío, sino de una buena amiga, que me quiere mucho y que ha entrado con mi nick... No le hagáis caso

biker31
23/10/08, 13:57:16
Joder tio has conseguido, casi, que la cronica supere en sí el propio viaje. ;)

McBiker
28/10/08, 02:17:49
uff, bien dicho amigo!! bien interesante!

Chusete6
14/11/08, 19:43:44
buén viaje si señor.

carlos.e.n
19/11/08, 11:37:49
Muy buena la crónica!! Creo q a todos nos entra el gusanillo de emularte!! por curiosidad, por cúanto sale la ida y vuelta del ferry? V'sss

idpsevilla
22/11/08, 00:53:48
Muy buena la crónica!! Creo q a todos nos entra el gusanillo de emularte!! por curiosidad, por cúanto sale la ida y vuelta del ferry? V'sss



A mí me salió por 600 euros, con cabina para mí solo y la moto. Lo compré con poco tiempo. Puede salir algo más barato con un poco de previsión y compartiendo camarote.

Un saludo